Mi querida Begoña de Miguel me perdonará por apropiarme temporalmente de su idea sobre la necesidad de refrescar formatos. Hace unos días tuvo lugar en Madrid el II Congreso Internacional de Excelencia, con el lema “La innovación, clave de la competitividad”. Tuve la oportunidad de asistir a varias ponencias por la tarde y para mi sorpresa y agrado el formato en que se desarrollaron las conferencias magistrales de Lofti El-Ghandouri y Nigel Barlow estuvo muy lejos del tradicional y aburrido busto parlante.
De pie sobre el escenario, con micrófonos inalámbricos y diapositivas de fondo, ambos ponentes hicieron participar al auditorio, cada uno a su manera, desde la más osada incluyendo lanzamientos de una pequeña pelota al público para forzar la interacción y las respuestas, hasta la más básica, pero no menos impactante, una ronda entre las butacas interpelando directamente a los asistentes. Barlow nos hizo interactuar con esa persona sentada a tu lado, que por lo general en cualquier conferencia apenas miras al sentarte. Nos hizo pellizcarla, compartir nuestras reflexiones con ella o con él, verla como persona y no como una prolongación del cómodo asiento del auditorio. El-Ghandouri por su parte, nos desconcertó apareciendo sobre el escenario perfectamente vestido, impecable traje, bonita corbata, y oh, sorpresa, unos enormes y coloridos zapatones de payaso. Venía a hablarnos del Cirque du Soleil. La puesta en escena no podía ser más atrevida y oportuna.
Si nos fijamos en la reina de la comunicación la televisión, hemos apreciado en los últimos años innumerables cambios en la forma en que los presentadores nos introducen en concursos, mesas redondas, reportajes. Hemos visto mesas redondas sin mesa, presentadores en islas compartiendo el escenario con los concursantes, opiniones en sesenta segundos, presentadores sobre taburetes de bar, sobre cómodos sillones, de pie, mezclados con el público, en directo y en remoto. Nuevos presentadores nos cuentan viejas historias que aceptamos de forma natural, sin resistencia, porque hay elementos novedosos en la forma en que las historias, las opiniones y hasta las competiciones se cuentan. Necesitamos la novedad, y quizás con la excepción de los telediarios, en la televisión podemos apreciar constantes cambios que nos sorprenden, nos motivan, nos visten de novedad los mismos contenidos de siempre.
Si volvemos a las conferencias, a las ponencias, el modelo del busto parlante, utilizado desde los tiempos universitarios, a manera de solventes y magníficos catedráticos inaccesibles impartiendo lecciones magistrales desde la palestra, está más que agotado. No comunica, aburre y no invita a la reflexión. Nuestra vida transcurre muy deprisa, queremos contenidos sencillos de digerir, que entren en materia sin grandes introducciones, que inviten a la reflexión y si es posible, que se acompañen de elementos audiovisuales, más allá del famoso Powerpoint. ¿Para qué desperdiciar el resto de sentidos de los asistentes? Queremos escuchar, pero también ver y sentir, emocionarnos, y de alguna manera vislumbrar la personalidad de quien nos está hablando. Queremos respuestas pero también queremos reflexiones y observaciones que nos hagan reaccionar, que nos hagan buscar dentro de nosotros las preguntas.
¿Te cansas tú misma contando una y otra vez la historia de tu empresa o las bondades de tu producto? ¿No crees que quizás es el momento de pensar en refrescar los formatos que utilizas?












1 comentario
Susana, tu si que refrescas formatos en todos los sentidos.
Estoy de acuerdo con tus comentarios…muy interesada tienes que estar en un contenido para aguantar mínimo una hora de reloj totalmente concentrada, sin leer los correos, casi sin tuitear…
Deberíamos aprender un poco más del show bussines (y digo bussines con intención) y aprender a capturar a la audiencia, hacerla sonreir, reflexionar, pasar un buen rato y que se vayan con ganas de repetir.
Escrito el 12 de noviembre de 2009 | 15:02:53
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