Reflexiones para aquellos que se lanzan a emprender en Internet, ya sea un nuevo negocio o la versión en la red de una empresa establecida

Por Marta Dominguez, Consultora Independiente en Tecnologías

Si eres un usuario asiduo de alguna red social te habrás dado cuenta de dos cosas.  La primera: lo difícil que es hacerse escuchar en un entorno de hiper información. No digamos hacerse notar. La segunda es la recurrencia de mucha de la información que te llega. Un ejemplo típico: Piensa en tu lista de blogs favoritos. ¿Cuántas veces te martillea la misma entrada en tu lector de blogs y en tus cuentas de Twitter, Facebook,  Linkedin…? Ahora compara el número de blogs de esa lista con el que tenías hace 3 meses o 6 meses. ¿Cuántos blogs eres capaz de seguir a diario realmente? Probablemente, en muchos de los casos hayas pasado de leer con atención lo que se decía en cada entrada para quizá añadir algún comentario a rebuscar entre los titulares únicamente aquello que pudieras seleccionar o descartar definitivamente.

El ritmo de la información en Internet es frenético.  Es lo que se conoce como Economía de Internet: a una riqueza de información le corresponde una pobreza en la atención que le damos. Aunque la base realmente no es nueva (parece que el psicólogo Herb Simon ya lo pensó hace años), sí que obliga a los emprendedores en Internet a preguntarse cómo captar la atención de un internauta en el momento adecuado. Ya que la atención es un bien escaso, aquellos que lo consigan tendrán un activo muy importante.

Quizá el paradigma por excelencia en la economía de Internet sea Google. Hace unos días me encontré en una revista de gestión estratégica con una entrevista a Hal Varian, economista jefe de Google. En ella explicaba su modelo añadiendo una interesante perspectiva histórica. Así en los años 20 (siglo pasado), la pregunta tecnológica era cuál sería el modelo de negocio en torno a la radiodifusión. Pero nadie tenía mucha idea. Ya en la mitad de los 90, la pregunta cambió a cuál podía ser el modelo de negocio en torno a Internet. Aunque el modelo de micropagos parecía el correcto, aquello nunca funcionó, y en su lugar apareció el modelo basado en la publicidad. ¿Cómo lo consiguió Google? Capturando tu atención cuando estás buscando algo en lo que estás interesado; entonces es el momento oportuno para mostrarte un anuncio de un producto relacionado con tu búsqueda.

Para conseguir atención todos estamos en Google (o en cualquier otro buscador). La reputación de una empresa ha cambiado la acepción que tiene en el diccionario. Ahora el objetivo es subir en los puestos de Google. Para esto hay mecanismos más o menos efectivos, me refiero al marketing en buscadores y al nuevo marketing de redes sociales. Pero también hay opciones con picaresca incluida. Una de ellas la he descubierto por casualidad a través del columnista Javier Sampedro y se llama ContentBoss (www.contentboss.com). Puedes escribir un texto cualquiera y la web lo transforma en otro similar pero distinto: algo así como un plagio indetectable por los detectores de mareo de artículos de Google. Todo por conseguir martillear la atención. Al final el objetivo de marketing para tu negocio no es tan diferente del que se tienen en el mundo off-line: poner la reputación de tu negocio lo más alto posible. ¿Estás preparado?