6:45am: comienza un nuevo día. El sonido del despertador me despierta. Realmente debería decir el iPhone: ya hace muchos años que el móvil de turno me hace de despertador.
Mientras se templa el agua de la ducha activo el correo y el twitter (¡por la noche se para el mundo!). ¡Qué bueno poder abrir el grifo y que salga agua caliente! Pensar que hay lugares en el mundo que tienen que recorrer kilómetros para, tan sólo, poder coger agua.
Micro-ondas calentando el agua para el té (té verde, un guiño a mi querida China) y un par de tostadas en la tostadora que me las dejará en el punto justo deseado. Como soy afortunada incluso me tomo un zumo de naranja (confieso que sale de un envase de tetrabrick donde alguna máquina lo introdujo).
Mientras desayuno veo el correo que haya podido entrar durante la noche y me doy cuenta de lo conectado que ahora está el mundo… ¡no hay fronteras! Así que doy los buenos días a los madrugadores (los hay que son incluso trasnochadores) que están en el gran patio de vecinos: Twitter.
7:30am: mis fierecillas se han despertado para darme un beso antes de irme a la oficina (la bribona de la mediana se pone el despertador, un perrito que la despierta con una canción) y se quedan tumbadas en el sofá medio despiertas, medio dormidas, viendo unos dibujos mientras su padre (por millonésima vez) les dice que para qué madrugan tanto y les va preparando el desayuno.
8:00am: llego a la oficina y como aún no saben de las ventajas de Foursquare (apuesto a que ni siquiera saben qué es) toca fichar en la maquinita que han puesto en la entrada. Y ya a comenzar duramente hasta las 3 que salgo (si es que no son las 8 de la tarde) y regreso a casa.
3:00pm: finalizo una parte del trabajo, pero comienzo con mi pasión: el networking y la solidaridad, haciendo encaje de bolillos para disfrutar cuanto pueda de mi familia.
Reconozco que la tecnología me ayuda muchísimo en mi día a día, es más, no sé lo que haría sin ella; sobre todo las llamadas “nuevas tecnologías”, que hacen que esté totalmente conectada con el mundo de una manera fácil, inmediata y cómoda, alcanzando así metas impensables de otra manera.
Pero debo confesar que nada de lo que nos aporta la tecnología es equiparable a una pareja que te apoye y te anime en el camino, a una sociedad que admita que una mujer aporta mucho valor al mundo empresarial… a una mujer que confía en sí misma!
Porque, al fin y al cabo, la tecnología tiene un botón que podemos apretar: OFF. Si lo apretamos… queda sólo LA MUJER.
Tema del mes en nuestras Tribunas: Mujer y Tecnología