Me han regalado una Nintendo 3DS XL. De repente me he sentido como en un verano de principios de los 90, cuando no podía pasar mucho tiempo lejos de mi Game Boy

Por Patricia Araque 

Vivo desde hace muchos años rodeada de “gamers”: mi marido para empezar, sus hermanos, mis amigos del instituto, mis amigos de después del instituto, mis amigos periodistas de videojuegos de la facultad…, siempre, por una razón u otra, los videojuegos han formado parte de mi existencia. Supongo que por eso, por lo “heavy users” que son todos los que me rodean, nunca me he considerado una “video-jugadora”. A pesar de que durante mi infancia pasara horas y horas jugando a Donkey Kong, superase todos los monstruos del Wonder Boy en el Amstrad CPC de mi hermano y me dejara bastantes monedas de 25 pesetas en los recreativos del barrio jugando al Tetris y al Pang (cuando los pude tener en mi Game Boy mi vida y mi pequeña economía cambiaron para siempre. Por cierto, que me hubiese encantado la opción de tener una “Game Girl”).

No sólo eso, he pasado bastantes horas de mi vida adulta jugando al Sing Star (en compañía y sola, lo que es bastante menos divertido pero eleva el ego) y definitivamente la llegada de la Wii de Nintendo marcó un antes y un después en mi ocio (con deciros que me controlé el peso en el embarazo a golpe de Wii Fit). Aún así, nunca pensé en mí como una “video-jugadora” habitual y nunca me dio por reflexionar sobre el papel que ha jugado esta actividad en mi vida. Hasta que conocí a Bego. Y pusimos en marcha Ellas 2.0 y un día en nuestras largas conversaciones en las que tratamos de arreglar el mundo y que tanto me gustan, ella dejó esa pregunta en el aire, “¿y si las mujeres no nos estamos acercando a la tecnología tanto como los hombres porque no “video-jugamos de pequeñas?”

Entonces empezamos a pensar que realmente esto tiene bastante sentido. Aproximarse desde lo lúdico a cualquier actividad la convierte automáticamente en algo más atractivo. Y comencé a investigar entre las mujeres de mi entorno. Me encontré con dos datos muy significativos: la mayoría de mujeres que hoy desarrollan su carrera profesional en el ámbito de la tecnología jugaron mucho de pequeñas y sí, todas tuvimos un problema de adicción con el Tetris que hoy en día no hemos superado completamente porque lo llevamos instalado en nuestro teléfono (y en nuestros corazones).

Así que cuando mi nueva Nintendo 3DS XL llegó a mis manos y juegos como El profesor Layton (co-protagonizado por una inteligente y segura de sí misma Emmy Altava) o Art Academy (por fin no me siento una completa inepta dibujando) ocuparon mis horas pensé: si estos juegos que tienen en cuenta un lado más femenino en sus desarrollos hubieran existido cuando era pequeña, la aproximación a la tecnología por parte de las mujeres de mi generación habría sido mucho más numerosa. Es pura especulación, pero podremos confirmarlo en unos cuantos años cuando las miles de niñas que hoy si “video-juegan” con sus DS entren en el mundo profesional. Tal vez Nintendo piensa que están haciéndose con un mercado que supone una mitad de la población tradicionalmente olvidada por las compañías del sector, un mercado enorme sin lugar a dudas. En mi humilde opinión, los señores y señoras de Nintendo están haciendo una gran labor social. ¿Para cuándo un videojuego que nos enseñe a programar videojuegos?

Sobre la autora: Patricia se define como una emprendedora a tiempo completo y en constante transición. Es Co-Fundadora y Directora de Ellas 2.0, una plataforma  que trata de incrementar el número de emprendimientos femeninos de base tecnológica y que lleva el mensaje de Women 2.0 a comunidades de habla hispana. Además, desde su rol de Regional Manager coordina las operaciones off line de Women 2.0 en España y Latinoamérica. Ninguno de esos proyectos le apasiona tanto como Alma, su hija y la mejor obra de arte que su socio de vida (su marido) y ella han construido juntos hasta la fecha. Síguela en Twitter en@patriciaaraque

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