Por Equipo Editorial Ellas²

Cerca del 90% de las nuevas empresas fracasan o se acaban apagando, aunque ésta es una tasa de fracaso sólo un poco más alta que la de las startups con respaldo de capital riesgo. Un estudio reciente realizado por Shikhar Ghosh, profesor de Harvard Business School, reveló que el 75% de las startups financiadas no pueden devolver el capital invertido, casi el 95% de las empresas financiadas en la muestra del estudio no pasan la prueba.

Sueños, esperanzas y aspiraciones rotas. Aunque las emprendedoras siempre lo hemos tenido difícil, la era actual de startups invertidas por el capital riesgo es hiper-crítica y no está facilitando el trabajo a las personas innovadoras. Las demandas de tasas de alto crecimiento son tan irreales que han conseguido que un montón de empresas hayan nacido de repente y muerto en el intento.

¿Por qué el mundo startup está siguiendo el camino del fracaso? ¿Tiene que ver con ideas de negocio fundamentalmente defectuosas o es que estas empresas fracasan por seguir al pie de la letra los parámetros que se supone que hay que seguir para sacar adelante un negocio exitoso? Hay muchas razones y muy diversas para que las startups no despeguen: algunas comienzan con un supuesto mercado imperfecto, mientras que otras se esfuman debido a la falta de fondos, la mala ejecución, o simplemente un mal momento. Y luego están las que se ahogan en un fuerte crecimiento. En otras palabras, probaron el éxito y este éxito les condenó. En muchos casos, el impulso obsesivo hacia un alto crecimiento está promovido por los fondos de capital riesgo con el objetivo de una muerte o por el contrario, una rentabilidad rápida. Sophia Solanki sostiene que la aceptación de esta tasa de fracasos por parte de la industria de capital riesgo es de por sí problemática. Sólo una de cada cuatro startups llegan a alcanzar una rentabilidad razonable. Esta tasa, por su propia naturaleza, es inestable para el ecosistema startup.

¿Por qué los inversores trabajan con esta filosofía y aceptan una tasa de fracaso tan alta? Seguramente, alguien podría decidir ir en contra de los demás e invertir en empresas que busquen un crecimiento sostenible, posiblemente más lento, con líneas de fondo más sólidas. Tres de cada cuatro startups exitosas, aunque no de las más populares, pueden ofrecer una rentabilidad sólida. ¿Cuántas empresas han levantado millones de dólares en los últimos diez años en comparación con el número de negocios rentables exitosos de varios millones de dólares?

Esta carrera descontrolada por crecer más y más rápido ha destruido varias compañías que parecían ser prometedoras. Una de ellas, Ecomom.com, condujo a su fundador a un trágico final. Un estudio realizado por Startup Genoma en 2011 identificó la práctica de escalabilidad prematura como la razón más común por la cual las startups no saben llevar las riendas de su evolución.

El 90% de las empresas de la lista 5000 Inc han crecido dos veces o menos al año, y estamos hablando de algunas de las compañías de más rápido crecimiento en los Estados Unidos. Forzar el crecimiento más allá de un punto manejable lo único que consigue es crear empresas inestables que aceleran fácilmente la llegada del momento en el que una de las muchas variables de sostenibilidad de las empresas cae en picado. La disponibilidad de los fondos, por ejemplo, ha destrozado muchas empresas sin rentabilidad: el hecho de quedarse sin fondos sitúa a las empresas con fundamentos sólidos en una situación difícil. Después, no tienen prácticamente poder de negociación y a veces carecen de futuras opciones de financiación. Suena el toque de difuntos y es el final de una carrera de ensueño.

En lugar de esto, puedes tener en cuenta algunas empresas como Steals.com que a pesar de operar en un sector de alto crecimiento tuvo un progreso más lento que sus competidores y construyó un negocio sólido, sostenible y rentable. Hay millones de pequeñas y medianas empresas como Steals.com que se construyeron con paciencia y años de trabajo y han dado grandes beneficios a sus fundadores. A veces se convierten en empresas gigantescas. Wal-Mart, por ejemplo, no se construyó en sólo tres o cuatro años. Sam Walton invirtió y experimentó durante 24 años antes de que la empresa llegara a 12.6 millones de dólares en ventas en 1962.

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