Por Lucía M. Quiroga

Cuando una acude a cursos o congresos, siempre espera llevarse algún conocimiento a casa. Los hay más o menos interesantes, de algunos sacas más provecho que de otros. Pero nunca te vuelves con las manos vacías. Es el caso del WED Spain 2016 (Día Internacional de la Emprendedora), un encuentro de mujeres emprendedoras con una orientación eminentemente práctica. A lo largo de la jornada se nos presentaron herramientas y recursos útiles para llevar a cabo nuestro proyecto, e intercambiamos entre las asistentes ideas sobre emprendimiento.

Pero curiosamente, aunque la programación y la organización eran exquisitas, no fue eso lo más interesante del evento. Lo mejor, sin duda, fue la creación de un espacio seguro específico para mujeres. Los espacios no mixtos ofrecen a las mujeres algo que se nos suele negar en todos los ámbitos públicos y privados: el protagonismo absoluto. Somos nosotras quienes tomamos la palabra, quienes debatimos, quienes compartimos nuestras dudas. Lo hacemos además desde la tranquilidad y la libertad absolutas de estar en un espacio de seguridad.

Si te decides a emprender, sobre todo al principio, tienes muchas más dudas que certezas. Esto es un hecho, aunque la corriente dominante (eminentemente masculina) nos pinte un mundo de colores con un emprendedor seguro de sí mismo, dispuesto a todo y con predisposición para triunfar. Pues nada más lejos de la realidad. “¿Cuánto me va a costar esto? ¿Cuándo empezaré a recuperar lo que he invertido? ¿Necesitaré contratar a alguien? ¿Es bueno mi producto?”. Son preguntas que te asaltan a diario y que bajo la corriente dominante tendrías que callarte para ti solita. Porque no puedes dar imagen de inseguridad o nadie se fijará en tu proyecto.

Afortunadamente en WED Spain y en el curso de Ellas BizLab ocurre justo lo contrario: aquí se explicitan dudas y miedos, se habla con las compañeras desde el mismo nivel y se comparten una serie de códigos: los cuidados entre iguales, el lenguaje inclusivo, la cooperación entre proyectos o la sostenibilidad de las empresas. Elementos que difícilmente podrían colocarse en el centro de los espacios tradicionales, dominados por los hombres, donde la competitividad, la oportunidad o el éxito fugaz a cualquier precio centran todos los debates.

El ejemplo más claro lo vimos con la que será la anécdota más recordada cuando hablemos del WED 2016. Después de varias ponencias a cargo de mujeres, de una mesa exclusivamente femenina (al contrario de lo habitual) y de varias intervenciones por parte de las asistentes, un hombre cogió el micrófono. Sin cortarse ni un pelo, sentó cátedra y vino a decirnos que las asistentes no teníamos ni idea de lo que estábamos hablando. Omitiré el contenido de sus palabras porque no fueron más que chorradas pronunciadas desde la superioridad moral que te da el simple hecho de tener pene. Porque si no lo tuviera no se habría atrevido a coger el micro, monopolizar el debate como suelen hacer sus congéneres y tratarnos de idiotas a las mujeres presentes. Un claro ejemplo de mansplaining, de superioridad masculina explicando condescendientemente a las mujeres cómo son de verdad las cosas. Y todo esto en un espacio femenino, rodeado literalmente de mujeres. Obviamente, no le hicimos ningún caso más allá de fulminarle con las miradas. Porque estábamos disfrutando de nuestro espacio seguro, y eso no es algo que ocurra demasiado a menudo.

Nota de la editora: si quieres contar tu experiencia en WED Spain, escríbenos a editora@ellas2.org.