Por Equipo Editorial Ellas Al Cuadrado

¿Te bloqueas cuando tienes que poner precio a tu producto o a tu servicio? ¿Te llenas de inseguridades y finalmente terminas cobrando menos de lo que te gustaría o incluso regalando tu trabajo?

Uno de los aspectos más retadores para la mayoría de las emprendedoras con las que trabajamos en Ellas Al Cuadrado es fijar un precio para el producto o el servicio que están construyendo. Les aterra. Suele tener que ver con el miedo al rechazo y con no terminar de asumir que el precio es lo que diferencia un negocio que aporte sostenibilidad económica a tu vida, de un hobby. El precio es lo que en el medio y largo plazo va a permitir que tu proyecto siga sobreviviendo o que por el contrario, se convierta en una carga vital que no puedas mantener y que termine desapareciendo.

Es muy importante que comiences el proceso de construcción de tu producto o servicio con la monetización en mente. Cuando no eliges este punto de partida, puede ocurrir que mucha gente use tu producto, pero la probabilidad de que nunca estén dispuestos a pagar por él sea muy alta. ¿Por qué dedicar tiempo a construir algo por lo que nadie pagaría, si desde el principio puedes comprobar si están dispuestos a hacerlo? Y para eso necesitas poner un precio.

Cuando Buffer lanzó la primera versión de su App (gratuita), colocó un botón de “Planes y precios” en su landing. Cuando hacías click en él, te explicaban que la versión de pago no estaba lista, pero que si querías que te avisaran de ello cuando así fuera, les dejaras tu email. Ésta es una de las muchas opciones por las que puedes optar para ir construyendo una audiencia que está potencialmente interesada en pagar por lo que haces.

 

¿Por dónde empezar? 3 claves prácticas

  1. Mal: construir algo y luego decidir a cuánto puedes cobrarlo. Bien: pensar tu precio “deseado” y después averiguar cómo justificarlo.
  2. Tu precio deseado debe cubrir tus costes (incluido tu coste de oportunidad, que es el dinero que dejas de ganar si haces esto y no otra cosa) y lo que quieres ganar tú personalmente con este producto o servicio.
  3. Cuenta con el rechazo que le va a generar a mucha gente que comiences a cobrar por algo que tal vez antes estabas ofreciendo gratis o que otros están ofreciendo gratis, pero considera también que muchas personas van a querer pagarte si les aportas valor y les facilitas la vida con lo que estás construyendo. Estos últimos son tus clientes, en ellos es en quien debes poner tus energías cuando estás comenzando un negocio. Los primeros nunca van a pagar por lo que haces, ni aunque bajases tu precio.

En Ellas BizLab, la tranquilizadora de startups, trabajamos acompañando a emprendedoras que optan por el bootstrapping como modelo financiero. Esto significa que no están respaldadas por venture capital como muchas startups digitales o que si lo están, quieren salir de ese modelo y volver a tomar las riendas de sus negocios poniendo el foco en conseguir clientes y no en conseguir financiación.

Poner precio a sus productos es una de las tareas que abordamos en la Semana 8 del Plan de Trabajo que van ejecutando durante 12 semanas.

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Nota de la editora: también puede interesarte consultar en nuestra sección “Recursos” el apartado “Poner precio a tu trabajo, tus productos y tu servicios